Capítulo I. Una noche fría y el final. Parte II

Ella también llevaba sus brazos destapados, para que su tez de oro, le recordara que el frío la hacía sentir más viva. E hicimos lo que cualquiera haría en un primer encuentro, mutuamente intimidados el uno por el otro… caminar. Pero con cada paso, ya no éramos iguales a los demás encuentros porque lograba apreciar su sonrisa tímida, su paranoia arriesgada, su presente eterno en mi mente… Logré, al menos por un minuto, ver a esa mujer sincera que trataba de cubrirse con un manto de timidez la cual sólo descifraba aún más su naturalidad.

Su sonrisa, sus palabras, lo que sentía, lo que pensaba, la fuerza de atracción que aún pienso que no sintió ninguna otra pareja en el mundo hasta ahora, en su primera cita, en su primer contacto visual… Y seguimos caminando, acosados por el tiempo. Apreciamos la noche.

Nuestras palabras prometieron hechos, momentos, ilusiones y más cosas, más formas para hacer de este encuentro sin previo aviso del destino, una historia que nadie más experimentaría, que el mundo nos tenía exclusivamente para los dos y que pedía ser vivida, no sólo por esa noche, sino por muchas más.

Así que, con un abrazo y la felicidad de saber que este momento podría replicarse, esta noche fría terminaría de la manera más trepidante, sensacional, hermosa posible: Yo tomando su cintura, rodeándola, besando su mejilla, dando la vuelta y retornando mi mirada para verla partir sin saber que ella también lo hacía, me observaba y esa conexión de ambas miradas fue… No puedo describirlo, o tal vez sí, aunque no encuentro cómo, pero al menos sí me permito concluir que eres única y que me hacías único gracias a ti y más exactamente a tu mirada.

Explicar lo anterior llevaría a una serie de recovecos entre poéticos, cursis, médicos, teóricos, hipotéticos y peor aún, imaginarios, que podría ser interminable… mejor no decirlo.

Y cuando piensas que una historia acaba de empezar, el mundo y sus inexplicables efectos y decisiones te golpean y te dicen que es el final, un final doloroso, un final a medias, un final que no tiene nada de final, pero que cuenta con todos los condimentos para sumarse como parte de una historia única, que aún espera cambiar el rumbo que hoy tiene: A la mañana siguiente me dijiste que no podíamos vernos de nuevo.

¿FIN…?

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